El Banco de Pagos Internacionales (BIS) se erige como un activo opositor al desarrollo del sector de las criptomonedas. Su última idea: incluir en una lista negra todas las criptomonedas que pasan por carteras sin KYC. ¿Qué significa esto?
El BIS quiere controlar todas las transacciones con criptomonedas
Desde su creación en 1930, el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) se ha impuesto como la entidad internacional encargada de supervisar el buen funcionamiento y la cooperación entre los principales bancos centrales. Un papel que lo sitúa claramente en el centro del tablero monetario mundial.
Por lo tanto, no es difícil entender por qué sus decisiones suelen ir en contra del desarrollo del sector de las criptomonedas, cuyas vocaciones monetarias no hacen más que confirmarse con el paso del tiempo. El último ejemplo hasta la fecha: el fracaso anunciado de las stablecoins el pasado mes de junio, frente a una actualidad que dice exactamente lo contrario.
Según los economistas del BPI, uno de los principales problemas de las criptomonedas es la imposibilidad de controlar sus flujos e identificar a sus usuarios. Por eso se impone como ferviente defensora de la generalización de las identificaciones de tipo KYC (Know Your Customer).
¿Es esto realmente suficiente? Al parecer no, según su último informe sobre «la lucha contra el blanqueo de capitales en los criptoactivos»:
Aunque la verificación de los clientes puede realizarse en los puntos de contacto con el sistema monetario tradicional (por ejemplo, a través de las plataformas de intercambio de criptomonedas) (…), una vez que los activos se transfieren a carteras no alojadas en una cadena de bloques pública, las transacciones escapan a las formas clásicas de intervención.
BIS
Desarrollar una «cultura de autocontrol»… mediante una puntuación de conformidad
Por este motivo, el BIS aboga por «una cultura de diligencia debida entre los participantes en el mercado de las criptomonedas». En el punto de mira se encuentran las carteras no custodias (non-custodials), que no requieren pasar por un proceso de identificación de tipo KYC.
En la práctica, el banco de los bancos centrales propone determinar «una puntuación de conformidad con la normativa contra el blanqueo de capitales (AML) basada en la probabilidad de que una unidad o un saldo criptográfico esté vinculado a una actividad ilícita». Si el resultado parece insuficiente, los fondos en cuestión figurarán en una «lista de rechazo».

La forma más estricta de cumplimiento de la normativa AML exigiría que los puntos de salida solo aceptaran tokens para su conversión si han pasado por direcciones que hayan superado los controles de cumplimiento KYC, es decir, carteras que figuren en una «lista blanca».
BIS
Según este principio, todos los usuarios de criptomonedas, incluidos (o especialmente) aquellos que utilizan carteras no alojadas, deberán someterse a verificaciones KYC para poder cambiar sus fondos «no contaminados» por monedas tradicionales.
La norma del BPI no especifica si también hay que verificar que los billetes obtenidos no hayan procedido de actividades ilícitas. Tampoco indica la fecha a partir de la cual se tendrá en cuenta esta irregularidad normativa para las criptomonedas implicadas.