La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos trastoca el panorama político venezolano, pero su impacto real en el mercado petrolero sigue siendo incierto. La producción, las exportaciones, las reservas y el posicionamiento de los inversores sugieren que el riesgo de una crisis inmediata de la oferta es limitado, a pesar de que las expectativas ya son muy marcadas.
Continuidad operativa a pesar de la crisis política
En este momento, los datos disponibles apuntan a una continuidad de los flujos venezolanos. La producción venezolana oscila entre los 750 000 y los 800 000 barriles diarios, frente a los más de 3 millones de principios de la década de 2000.
Las exportaciones se mantienen en línea con este nivel, ya que el consumo interno absorbe una parte marginal de los volúmenes. Las existencias en tierra no han mostrado variaciones significativas durante el recrudecimiento de las tensiones. El excedente neto observado desde el inicio de la crisis política se estima en torno a los 100 000 barriles diarios, un volumen que las capacidades de almacenamiento actuales pueden absorber durante varias semanas, o incluso algunos meses.
Mientras existan estas capacidades de almacenamiento, no hay ninguna limitación técnica inmediata que obligue a cerrar pozos. A corto plazo, una interrupción rápida de los flujos no se debería, por tanto, a una decisión económica, sino a una crisis operativa: sabotaje, bloqueo de terminales, huelgas o interrupciones logísticas. En ausencia de tales acontecimientos, los flujos continúan.
Un peso que se ha vuelto marginal en un mercado mundial bien abastecido
También hay que situar a Venezuela en el contexto mundial. Con menos del 1 % de la producción mundial, el país ya no tiene la capacidad de provocar por sí solo una crisis de oferta. Su peso no tiene nada que ver con el de actores como Irán, que controla alrededor del 3 % de la producción mundial y el 25 % del comercio marítimo de petróleo en determinadas zonas sensibles.

Figura 1 – Evolución de la producción diaria de petróleo de Venezuela e Irán. Fuente: Trading Economics
Esta interpretación concuerda, por otra parte, con el posicionamiento actual de los inversores en el petróleo. Los datos de la CFTC muestran que los gestores sistemáticos y los fondos que siguen las tendencias presentan hoy en día posiciones cortas especialmente elevadas. La proporción de posiciones cortas netas en manos de los «managed money» se sitúa en niveles que rara vez se han observado desde finales de la década de 2000. En otras palabras, gran parte del escenario negativo ya está descontado en las carteras.
Por el contrario, los hedgers comerciales (actores directamente expuestos a los flujos físicos, como los productores) han reducido progresivamente sus coberturas bajistas y se están acercando a zonas históricamente asociadas a mínimos del precio del petróleo. Este tipo de divergencia entre los especuladores con posiciones muy cortas y los «hedgers» más constructivos suele aparecer cuando el mercado anticipa un exceso de oferta que luego tarda en materializarse. El posicionamiento no indica un cambio de tendencia inmediato, pero sugiere que el consenso bajista se basa más en expectativas que en un deterioro observado de los flujos.
Esta configuración explica por qué los precios pueden permanecer insensibles a pesar del enorme potencial. El mercado mundial del petróleo evoluciona actualmente con unas existencias globalmente holgadas y una dinámica de la oferta que va mucho más allá del caso venezolano. En las últimas semanas, incluso se ha recurrido a las existencias terrestres mundiales, con una acumulación en China y retiradas observadas por parte de la OPEP.
Previsiones sobre la recuperación de la oferta y límites estructurales del crudo venezolano
A corto plazo, la crisis política que atraviesa Venezuela puede incluso alimentar las expectativas de un excedente. La perspectiva de una flexibilización de las sanciones o de la liberación de reservas alimenta la idea de una futura afluencia de barriles. Algunos analistas hablan de varias decenas de millones de barriles potencialmente movilizables. Sin embargo, este razonamiento se basa más en hipótesis políticas que en capacidades industriales.
De hecho, gran parte del petróleo venezolano es un crudo extrapesado, con una gravedad, un contenido de azufre y una concentración de metales superiores a los del resto del mundo. Este tipo de petróleo no puede producirse ni exportarse sin diluyentes, principalmente condensado, que deben importarse. Por el momento, no hay señales claras que indiquen una recuperación significativa de estas importaciones. En otras palabras, sin estos diluyentes, la producción venezolana sigue estancada.
A largo plazo, las cifras también invitan a la prudencia. Desde 2010, los aumentos anuales de la producción venezolana nunca han superado los 420 000 barriles al día, mientras que algunas fases de descenso han alcanzado casi los 800 000 barriles al día. Imaginar un aumento sostenible superior a 500 000 barriles al día y al año supondría un cambio radical de trayectoria.
Tal cambio requeriría inversiones masivas. Las estimaciones superan los 110 000 millones de dólares para exploración y producción, a los que habría que añadir unos 50 000 millones para puertos, pre-refinerías e infraestructuras de transporte. Sin embargo, con precios del petróleo inferiores a 60 dólares el barril, el incentivo económico es escaso, sobre todo en un entorno político inestable. Si estas inversiones se retrasan, las expectativas de una rápida recuperación de la oferta podrían revisarse a la baja.
Graves limitaciones estructurales y oportunidades muy específicas
Estas limitaciones se reflejan en el análisis de las empresas del sector. Venezuela acumula una serie de factores disuasorios: antecedentes de expropiaciones, inseguridad jurídica, corrupción, una burocracia pesada e infraestructuras deterioradas. La propia naturaleza de las reservas, en su mayoría de crudo pesado, aumenta aún más el coste y la complejidad de los proyectos. En estas condiciones, sigue siendo poco probable una afluencia masiva de capital extranjero, a menos que se produzca un cambio radical en las instituciones del país y un aumento de los precios del petróleo.
No obstante, algunas empresas tienen una exposición específica. Chevron (CVX), que ya está presente en el país, podría beneficiarse de licencias comerciales específicas concedidas por las autoridades estadounidenses. La empresa franco-estadounidense Schlumberger (SLB) se encuentra en una posición natural a la hora de mantener o rehabilitar las instalaciones existentes, sin necesidad de comprometer grandes cantidades de capital a largo plazo.
El caso de ConocoPhillips (COP) es particular. La expropiación de sus activos en 2007 le confiere una ventaja jurídica única en un contexto de transición. Un gobierno que busque recuperar la credibilidad internacional podría verse impulsado a resolver ciertos litigios emblemáticos con el fin de enviar una señal a los inversores. En este caso concreto, lo que está en juego no es un aumento rápido de la producción, sino el reconocimiento de un pasivo histórico.
En conclusión, la llegada al poder de Maduro modifica profundamente el panorama político venezolano, pero sus implicaciones en el sector petrolero dependerán de factores muy concretos que aún se desconocen: la continuidad de los flujos, la disponibilidad de diluyentes, la seguridad de las infraestructuras y la capacidad de atraer capital en un entorno creíble. Dado que el mercado ya anticipa una recuperación de la oferta, el verdadero riesgo no es una sorpresa positiva en la producción, sino más bien que el aumento esperado tarde en llegar.